
He abierto varias puertas y todas se han cerrado en mi cara, he mirado por la cerradura de mi alma a mi alma, he puesto todo en su lugar y lo he vuelto a desordenar todo, he caído hasta el final del hoyo, al último rincón del rincón más remoto, más lejano y más oscuro; y he salido de mí, de ti, del futuro y del pasado, he buscado tus brazos en los míos, tu beso en el mío y sólo he encontrado fantasmas y duendecitos de cartón que me asustan ingenuamente.
Tu voz es un río y yo soy el mar encrespado y salvaje que te devora sin piedad, yo soy tu mar; entra sin temor, regálame tu mano blanca, tu mano perfecta, tu mano virgen, ponla en las mías, y deja que te lleve a mi reino de versos y desastres. Ya sé que no lo merezco, que no soy diablo ni dios ni nada, que el mundo me traga con su dentadura de fuego, con su garganta de siglos, con su misterio palpitante. He caído al mundo, al charco pestilente de esta sociedad que sabe a carajo y aquí te espero; te ofrezco el final del cuento, el inicio de la canción, un segundo real, una milésima de paz, de verdad, te ofrezco mi vida con cinta de regalo en papel couchet y un ramo de amapolas y geranios, un puñado de girasoles en la oreja de van gohg, te ofrezco mi luz, mi oscuridad; un beso eterno y una caricia final y perfecta, mis días tristes, mis noches solas.
Ya no habrá besos inconclusos ni miradas esquivas, ahora todo será más extraño y tranquilo porque yo estoy muerto en una clepsidra sumergida en el mar; desde allí alzo mi voz, descubro la palabra, enciendo la llama y crepita la hoguera de nuestro amor, estalla en bombardas de neón, en juegos pirotécnicos sobre el mar y mi estallido te alcanza, te está matando, me está matando, nos mata. Dame tu vida y deja que te lleve en el bolsillo derecho de mi pantalón hasta el final del túnel... Mira! Hay una luz!
Entrégame tu mano y formemos un hogar, un hogar apacible, un hogar con un escritorio amarillo, una ventana grande, un jardín donde jueguen nuestros hijos, y un jacuzzi donde hagamos el amor sumergidos en flores y aromas exóticos; déjame morir por ti, gritarte los cantos sagrados que me animan, estrellarte el corazón y arrancarte de los labios mariposa del amor, la sangre que arde en mi cerebro y que es la misma que encontré como lava de un volcán depositada en tu interior, y esperando la explosión que para nosotros ya llegó.